jueves, 9 de mayo de 2013

Vikings: Sangre, costra e historia. Concluida la primera temporada.



"Recién concluida la primera temporada y a la espera de la siguiente, que llegará en 2014, ya estamos en condiciones de definirla como una de las mejores series de los últimos años."

Pocas cosas se han modernizado tanto durante los últimos años como la antigüedad. Al menos en su representación cinematográfica y televisiva. Si en el cine histórico de hace unas décadas imperaba el cartón piedra, las túnicas impolutas, los trajes de romanos recién salidos de la tienda de disfraces y Charlton Hestonclamando al cielo, ahora podemos disfrutar de la contemplación de dientes podridos, gangrena, costra, miembros amputados y mucha, mucha sangre. Real como la vida misma que se representa. Y así es Vikings, una serie con la ambición de mostrar cómo era la sociedad vikinga del siglo VIII sin melindres y con un apreciable rigor histórico. Quien no la conozca puede continuar leyendo sin miedo a spoilers.

Recién concluida la primera temporada y a la espera de la siguiente, que llegará en 2014, ya estamos en condiciones de definirla como una de las mejores series de los últimos años. Y diré más, por osado que resulte: es la mejor serie de vikingos jamás hecha. Aunque ignoro si hay alguna otra. Emitida por el canal History, ha sido escrita por Michael Hirst —autor también de Los Tudor— y ha contado con un presupuesto de 40 millones de dólares. Más o menos el equivalente a una película, solo que esta dura unas 6 horas y media. El actor protagonista, Travis Fimmel, iba para jugador profesional de un deporte parecido al rugby llamado fútbol australiano, pero una lesión lo retiró prematuramente y probó suerte como modelo, dándose a conocer con una campaña de ropa interior de Calvin Klein. Sugiero a las lectoras que resistan la tentación y NO busquen en Google fotografías que le hicieron hace unos años, para que esa apariencia de elfo que mostraba no haga añicos la imagen de feroz vikingo que ha logrado construir en la serie. También aparece Gabriel Byrne, que junto al resto del plantel está estupendo… aunque destacaría en especial el personaje excéntrico y genial de Floki, interpretado por un actor sueco llamado Gustaf Skarsgård del que hasta ahora no conocíamos su existencia. La trama está narrada con fluidez, cuenta con buena música y las escenas de acción resultan espectaculares y sanguinolentas, pero hay un detalle que ha dado bastante que hablar y en el que quisiera centrarme: su veracidad histórica.

Como no podía ser de otra forma, no han faltado historiadores que la han criticado en ese aspecto. Algunas criticas son ciertas, pero otras aluden a exigencias dramáticas del guión sin las cuales la narración podría volverse soporífera o ininteligible. Intentaré señalar tanto los errores como los aciertos, mucho más numerosos, sin desvelar detalles cruciales de esta primera temporada.
Costumbres y aspecto

El protagonista es un héroe de las sagas vikingas, Ragnar Lodbrok, al que retratan como un joven muy ambicioso que sueña con las riquezas que pueden lograrse viajando al oeste. Se ha criticado a la serie que los escandinavos en realidad ya conocían la existencia de las islas británicas desde siglos atrás. Aunque en el guión se incide no en el desconocimiento de tales tierras sino en la forma de llegar a ellas por mar abierto. Aquí entran en juego el Tablero de Sombras y la Piedra Solar. El primero era un sistema muy ingenioso que aprovechaba que el agua en calma siempre alcanza una posición horizontal, de manera que si se hace flotar sobre ella una tabla de madera con un palito en medio, su sombra tendrá exactamente la misma longitud a mediodía, salvo que la altitud cambie. La segunda era una piedra de cuarzo que polarizaba la luz y que recientes experimentos han confirmado que podía usarse para navegar en la niebla. También llevaban en los barcos cuervos enjaulados. Para saber si se estaba cerca de la costa se soltaban, y si no regresaban es que había visto tierra. Entonces se seguía su dirección.

Se han encontrado pequeñas espadas de madera con las que presumiblemente se enseñaba los niños desde muy pequeños el arte de la guerra, y con 12 o 13 años pasaban un ritual que los convertía en hombres, tal como vemos con Bjorn, mientras que su hermana pasa a ser mujer con su primera menstruación. Por supuesto cualquier ocasión era buena para celebrarla bebiendo cerveza e hidromiel como la que deja fuera de combate, que podía tomarse en vasos o cuernos huecos. Los esclavos, llamados thralls, formaban parte del botín de la guerra y ayudaban en las tareas cotidianas de la granja. Que generalmente era de madera y en ocasiones también construida con bloques de tepe como la que aloja a Loki, de forma que parece estar cubierta de hierba como las casas de la Tierra Media y las de los Teletubbies.
No existían las condenas a muerte tal como se muestran en el primer episodio, siendo el castigo más severo el ostracismo. Eso sí, si el condenado no se exiliaba entonces podía ser asesinado por cualquiera sin que eso fuera delito. Erik el Rojo, por ejemplo, aprovechó su exilio de tres años por un crimen para colonizar Groenlandia. Sí que existía la ley que se menciona por la cual si alguien mataba a otra persona aunque fuera en defensa propia, debía confesar su crimen en la casa más cercana o, si esta pertenecía a algún familiar de la víctima que quisiera vengarse, en la siguiente. Pero nunca en la tercera. En los duelos los contendientes efectivamente podían usar hasta tres escudos y en los barcos funerarios usados para despedir a personalidades de alto rango, como el hallado en la granja noruega de Oseberg, se encontraban dos cuerpos de muy distinta edad. Lo que hace suponer que uno de ellos sería de una criada, sacrificada voluntariamente o no, junto a su reina.

También se ha reprochado que las vestimentas de los personajes se parecen más a las de Juego de tronos que a lo que realmente se llevaba. Puede que en ocasiones haya demasiado cuero al estilo Mad Max, aunque los personajes suelen llevar también las más realistas camisas largas (de lana o lino) con un cinturón, pantalón hasta las rodillas y botas. Y las mujeres vestidos hasta la altura de los tobillos. Las barbas y trenzas sí eran frecuentes, aunque desconozco si ese mullet del protagonista era usual. Un viajero inglés describió en cierta ocasión que un peinado danés bastante común era corto por detrás y largo por delante hasta taparles los ojos (¿vikingos emos?). Algunos adquirieron la costumbre de pintarse los ojos, como el personaje de Floki —nombre por cierto de uno de los primeros vikingos en colonizar Islandia— una moda copiada de los árabes con los que comerciaron  en sus viajes a través del Volga hasta llegar al Mar Caspio, y de allí a Constantinopla y Bagdad. También llevaban brazaletes enrojecidos con sangre de sacrificios sobre los que realizaban los juramentos por Odín. En las batallas, los hombres más ricos y poderosos llevaban cotas de malla como vemos en Ragnar, y muchos portaban cascos con protección para la nariz (y sin cuernos). Respecto a la higiene, eran bastante limpios dado que se lavaban el cuerpo y las ropas cada sábado, aunque según un observador extranjero a veces todos con el agua de la misma palangana. Y finalmente en lo que se refiere a su apariencia física, su dieta rica en proteínas les hacía ser algo más altos y corpulentos que los pobres campesinos a los que atacaban (según algunas estimaciones medían siete centímetros más en promedio que el resto de europeos). Así que tiene sentido que sus enemigos los describieran como gigantes tal como vemos en la serie. Bueno, y que a nadie le gusta decir que fue derrotado por un grupo de canijos, así que esa descripción se la hubieran llevado de cualquier manera.

Guerra, política y religión
Como dice el protagonista en el cuarto capítulo antes de iniciar el asalto a una población: “la sorpresa es nuestra mayor ventaja”. Esa fue la táctica más común de los vikingos, que recibía el nombre de strandhögg. En el segundo episodio asaltan el monasterio de Lindisfarne, situado al norte de Gran Bretaña, que tuvo lugar el ocho de junio de 793 y que históricamente da comienzo a la Era Vikinga. Cuando se enfrentaban a un enemigo bien equipado y no a simples monjes la cosa cambiaba, entonces a menudo optaban por negociar y obtener (no siempre) el pago de un geld. En la expedición de 859 remontaron el Ebro hasta Pamplona y secuestraron a cambio de un rescate no al hermano de un rey como en la serie, sino al mismo rey de Navarra, García Íñiguez. Durante un combate contra el enemigo podían emplear el “muro de escudos”, aunque no era una invención vikinga. Según la Crónica anglosajona, cuando los ingleses asaltaron un campamento vikingo en Benfleet, Essex, en 893, capturaron a la mujer e hijos del jefe vikingo. Así que no era tan extraño que ocasionalmente alguno se llevase a su señora a la guerra, como decía Saxo Grammaticus:

Hubo entre los daneses mujeres que, transformando su belleza en aires varoniles, consagraban casi toda su vida a las prácticas guerreras (…) olvidándose de su condición natural, anteponían la dureza a las caricias, buscaban los combates en vez de los besos, dedicaban sus manos a las lanzas, no a las lanzaderas (…) Asaltaban a los hombres a punta de espada y con pensamientos de muerte, no de coqueteo.

Aquí parece que estuviera describiendo a Lagertha. Los jefes luchaban en primera línea, para dar ejemplo y mostrar valentía. De hecho murieron en el campo de batalla seis de 16 reyes noruegos de la era vikinga. Que era, al fin y al cabo, como les gustaba morir. Espada en mano y combatiendo, para alcanzar así el Valhalla. Allí comerían  jabalí y beberían hidromiel servido por valkirias en el palacio de Odín, lugar de celebración de un banquete, concretamente en un inmenso salón cuyas paredes son lanzas y su techo brillantes escudos, y que contaba con 540 puertas tan anchas que por cada una pueden pasar de frente 800 soldados. De acuerdo a esas creencias religiosas, celebraban el festival en el templo de Uppsala cada nueve años, en el que se sacrificaban nueve machos de varios animales y también nueve hombres, que luego colgaban de los árboles. Durante las celebraciones se consumían setas alucinógenas como las que le dan a Athelstan, concretamente amanita muscaria, común en los bosques nórdicos. Pero dichos ritos fueron cayendo en desuso ante el empuje de una religión que siempre ha mostrado una extraordinaria viralidad.

El Tratado de Wedmore, de 878, incluía la aceptación del cristianismo por parte de los vikingos, tal como vemos con el bautismo de Rollo. Pero esa condición inicialmente impuesta pronto fue aceptada con gran interés por los reyes escandinavos porque les permitía centralizar el poder, por encima de jefes, aristócratas menores y asambleas democráticas. Lo que nos lleva a otro elemento que ha sido criticado de la serie, la excesiva autoridad que se confiere al conde interpretado por Gabriel Byrne. Las asambleas —llamadas Thing—, a las que acudían los hombres libres tenía lugar en un espacio abierto, neutral, no en casa de un “Jarl” (no es chiquitistaní, sino danés) y este no disponía de tal poder sobre los demás. En fin, es un recurso del guión para que el protagonista tenga un adversario al que enfrentarse y hacer así más entretenida la narración. Y lo consiguen, sin duda. Se nos va a hacer muy larga la espera hasta el próximo año de la segunda temporada…

Para que se nos haga algo más llevadera concluiré recomendando una de esas películas históricas antiguas a las que aludía al comienzo, Los vikingos (Richard Fleischer, 1958). Gran película que merece la pena ver a pesar de esos barcos, castillos y poblaciones que parecen habitadas por playmobils, pese a esas enormes piedras lanzadas por catapultas que rebotan en las cabezas de los soldados que golpean y pese a una Janet Leigh a la que muestran inverosímilmente atractiva para ser una mujer de hace diez siglos. Aunque esto último habría que ponerlo en el otro lado de la balanza, bien pensado.