sábado, 30 de mayo de 2015

Daredevil y Wilson Fisk, al nivel del Batman y el Joker de Nolan


"Nadie llega a la cima sin lograr unos cuantos enemigos que matarían por derribarle". Esta frase y el complejo contexto en el que nace bien podrían haber surgido de Frank Underwood en 'House of Cards', del Senador Clayton en 'The Wire', de Gus Fring en 'Breaking Bad' o de Cersei Lannister en 'Juego de Tronos'. Pero no, la cita no la pronuncia la estrella de una producción consagrada a nivel mundial, sino Ben Urich, uno de los numerosos magníficos secundarios que tiene 'Daredevil', la nueva serie de Marvel que se postula como la mejor obra televisiva del año, a pesar de contar con una serie de escépticos detractores dispuestos a negar tal halago a una creación surgida de un cómic de superhéroes.

A tenor de desastrosas adaptaciones como 'Gotham', la serie sobre los orígenes de Batman, y de la 'sobreexplotación' de los productos basados en obras clásicas de Marvel y DC, bien podría pensarse que 'Daredevil' es "una más", y que, a pesar de su calidad o divertimento, nunca podría compararse a producciones tan elaboradas, reflexivas y exitosas como las anteriormente citadas.

Pues bien, nada más lejos de la realidad. El Daredevil que Stephen S. DeKnight ha construido para Charlie Cox no sólo entretiene y luce efectos especiales, que también, sino que además facilita profundas e interesantes reflexiones acerca del poder, la corrupción, la comunicación, el dolor, la pérdida y la violencia.

Mediante su elaborado guion y sus magníficas actuaciones, este universo de Daredevil es comparable al creado por Christopher Nolan para su trilogía del Caballero Oscuro. De hecho, este Matt Murdock (Charlie Cox) y aquel Bruce Wayne (Christian Bale) tienen numerosos puntos en común, empezando por esa oscuridad interna y externa con la que Nolan sentó precedente.

Pero ahí no acaban los méritos de esta producción Marvel. El tamaño de un héroe depende principalmente del nivel de su villano, y si el Joker de Heath Ledger engrandeció enormemente al Batman de Bale, el Kingpin (Wilson Fisk) de Vincent D'Onofrio no se queda ni mucho menos atrás. El actor norteamericano vuelve a rendir al nivel del Recluta Patoso ('La chaqueta metálica') y deja facciones y rasgos traumáticos tan legendarios como los que le consagraron en dicho filme de Kubrick.

En definitiva, 'Daredevil' se alza como clara candidata a la mejor adaptación audiovisual de un superhéroe cómic jamás hecha, pero también como aspirante a una de las series más interesantes de los últimos años, y eso, en esta época dorada de la televisión, es mucho decir. Sólo queda ver si la segunda temporada recientemente anunciada, que guardará bastantes similitudes con el famoso cómic 'Born Again', mantiene el nivel. En cualquier caso, lo que ya está claro es que Daredevil ha recuperado su trono y ya tiene la adaptación que merecía, como corresponde a uno de los más importantes protagonistas de cómic de todos los tiempos.