viernes, 9 de diciembre de 2016

Kirk Douglas: la leyenda entra en su segundo siglo


Habrá 200 invitados. Será en Beverly Hills, este viernes por la tarde, a la hora del té. Su cardiólogo, el doctor P. K. Shah, que hace años ya le prohibió el alcohol, ha asegurado que por la ocasión le permitirá "un vaso de vodka". Y sí, Kirk Douglas soplará velas en esa fiesta única, porque ha alcanzado un siglo de vida. La celebración la han preparado su hijo Michael Douglas y su nuera, Catherine Zeta-Jones. Habrá un montón de estrellas, y amigos como Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg o Don Rickles. Por supuesto, toda la familia Douglas, con su esposa, Anne Buydens, de 94 años, a la cabeza. A ella le dedicó una carta la semana pasada, publicada en Closer Weekly, en la que asegura que su feliz vida conyugal -63 años juntos- ha sido la que le ha llevado hasta este cumpleaños. "Habrá discurso, que he estado ensayando con mi logopeda para que la gente me entienda". Todos los asistentes serán más jóvenes que él. Varios actores y cineastas han superado el siglo, pero la única otra gran estrella del Hollywood dorado que ha cumplido 100 años, Olivia de Havilland, vive en París, también en plena forma.

En realidad, aunque selecciona sus apariciones, Kirk Douglas no ha desaparecido. El 2 de octubre la Fundación Televisión y Películas le sacó la primera tarta con velas en el acto que celebraba el 95 cumpleaños de la institución en su campus en Woodland Hills. El anfitrión fue George Clooney, con la estrella y su esposa en primera fila, hubo pastel con velas, y entre los diversos discursos, su hijo Michael recordó que entre las 75 películas de su padre no hay ni una segunda parte. Kirk explicó que siempre quiso que Michael fuera "médico o abogado", pero que por lo visto esa noche "es bastante buen actor". Y mirando a quienes le rodeaban -Jennifer Lawrence, Emma Stone, Ryan Gosling, Harvey Weinstein, Bryan Cranston, Chris Pine, Jeremy Renner, y Kevin Spacey y Hugh Grant, que cantaron en el escenario- les dijo entre risas: "No sé quiénes sois". A continuación les pidió que continuaran apoyando a la Fundación -cinco años más joven que Douglas-, a la que él ha donado a lo largo de su carrera 40 millones de dólares, para que prosiga con su labor, como varios edificios en los que viven para intérpretes jubilados sin recursos o enfermos.

Mientras, no para. Kirk Douglas ha escrito 11 libros, entre ellos dos volúmenes de memorias —El hijo del trapero y Let's Face It—, otro sobre el rodaje de Espartaco (Yo soy Espartaco. Rodar una película, acabar con las listas negras), otros para niños explicándoles el Holocausto o de poesías para Anne, y esta semana ha estado leyendo las galeradas del 12º, coescrito con su esposa, y que se titula Kirk and Anne: Letters of Love, Laughter and a Lifetime in Hollywood. La última foto en la que se le ha visto fue tomada en el pasado Acción de Gracias, y aparecía con Michael, Catherine Zeta-Jones, los dos hijos de este matrimonio, y Joel Douglas, el segundo hijo de Kirk. La actriz la publicó en su cuenta de Instagram.

En realidad, cualquiera diría que Issur Danielovitch Demsky, su auténtico nombre, es inmortal. En 1958 el productor Michael Todd, marido de Elizabeth Taylor, le ofreció volar con él en su avión privado para ver al presidente Truman. Anne le pidió que no lo hiciera, y Kirk cedió, aunque muy enfadado. El avión se estrelló sin supervivientes. En 1991, volaba junto a tres personas más en un helicóptero cuando el aparato chocó contra un aeroplano de acrobacias. Murieron dos pasajeros y él, con 74 años, salió ileso. En enero de 1996 sufrió un infarto cerebral del que logró recuperarse y hablar, a pesar del pesimista diagnóstico médico. Dos meses después pudo dar su discurso de agradecimiento al recoger el Oscar de Honor (el único que ha ganado, a pesar de haber sido tres veces candidato). En 2005 le realizaron una doble operación de rodilla, y así pudo volver a caminar con bastón. Sigue escribiendo regularmente en The Huffington Post, analizando la actualidad -su opinión en contra de Donald Trump es cristalina-. De su carrera, hace dos años, dijo sentirse especialmente orgulloso de El extraño amor de Martha Ivers (de 1945, fue su primera película), El ídolo de barro, 20.000 leguas de viaje submarino, Senderos de gloria, Espartaco, Siete días de mayo, El gran carnaval, Cautivos del mal, Los valientes andan solos, Acto de amor, El loco del pelo rojo y de Pacto de honor. También, de haber trabajado siete veces con Burt Lancaster, de haber contribuido a acabar con las listas negras de Hollywood surgidas del macartismo, y de haber sobrevivido a una infancia durísima y paupérrima en Amsterdam, un pueblo del estado de Nueva York, con un padre brutal. Su primera esposa, Diana Dill, la madre de Michael y Joel, falleció el año pasado. Su cuarto y último vástago, Eric, murió de sobredosis en 2004, en el que Kirk considera el peor golpe sufrido en su vida.

Así que, pasados malos y buenos tragos vitales, cuando el viernes sople las velas, Kirk Douglas puede que piense que ha llegado el momento de afrontar su segundo siglo en la Tierra.